Empecé a sentirte como burbujas y quise prepararme de la mejor manera, estaba perdida y no sabia por donde empezar.  Leí muchos libros y me inscribí en páginas de maternidad, seguía tu crecimiento cada semana maravillada.

Ver tu corazón latiendo fue una mezcla de amor puro y a la vez miedo, miedo de no ser una buena mamá.  Te hablaba en la panza, te cantaba canciones y me respondía con pataditas y bailes, nuestros diálogos sin palabras eran únicos.  

Y de repente llegaste, aunque sentí que todavía no estaba preparada. Nunca estamos totalmente  listos para ser padres, porque se mamá y papá implica aprender cada día algo nuevo, más que “ser” es “hacerse”.

Pero cuando te vi,  tan perfecto,  tan sereno,  3 kilos del amor más puro no pude evitar llorar de alegría y la motivación de ser la mejor versión de mi misma borro los miedos.

Te cargue día y noche, te alimenté con mi propio cuerpo,  me acercaba cuando dormías par ser si aún respiraba creo que unas mil veces. Me di cuenta que mi vida no iba a ser nunca lo mismo,  que había cambiado, qué empezábamos un viaje los dos juntos, un viaje sin destino ni itinerario pero como muchas expectativas y amor incondicional.

Por momentos fue y es muy difícil, cuando creo que lo estoy haciendo bien algo nuevo me desestabiliza y me siento la peor madre del mundo. Me dan ganas de salir corriendo a pedirle perdón  a mi mamá todas las veces que la juzgué tan fríamente y sin argumentos. “Cuando tengas hijos vas a entender”,  la frase de la que nos burlamos hasta que tenemos esos hijos.

Y es en esos días, en los que quiero tirar la toalla, en los que siento que no hago lo suficiente cuando todo cambia de golpe y en un instante con un beso espontáneo tuyo, o al agarrarme la cara de cerca mirandome fijo con esos ojos que parece han estado en este mundo por siglos, cuando de la nada compartes tu comida son otros niños,  o abrazas a la niña que está llorando o le das un beso gentilmente a un bebé. Mi día cambia y me doy cuenta que a pesar de mi precariedad materna algo bueno debemos de estar haciendo con tu papá.

Me doy cuenta que el día que ustedes nacieron yo también nací de nuevo,  una nueva versión de mi que desafía la cordura pero que me transforma en un ser más fuerte,  más tolerante,  más paciente,  más consciente,  una persona que valora cada día de esta vida como una nueva oportunidad de seguir aprendiendo con ustedes y de ustedes. El día que ustedes nacieron, yo también nací de nuevo.

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