“Que inútil, todo se te cae”, “tonta”, “no servis para nada”, “si te portas mal te va a llevar el viejo de la bolsa”, “nunca vas a conseguir un novio que te soporte”

Y así nos criamos, con palabras que lastiman en lo profundo del subconsciente, palabras que nos marcan y nos limitan, palabras que nos etiquetan desde niños y hieren nuestra autoestima profundamente, palabras que a veces nos cuesta años de terapia superar. Muchos de nuestros padres y los padres de nuestros padres se criaron así y quizás era la única forma que conocían, que creían iba a formar hijos “fuertes” mediante el “rigor”,  porque a los niños blanditos todos los usan y nunca consiguen destacar, o eso creían. 

Humillar o asustar a los hijos para hacerlos fuerte va a provocar todo lo contrarios, es más, está más que comprobado que si queremos hijos exitosos la inteligencia que más necesitan desarrollar es la emocional y estas palabras negativas e hirientes provocan lo opuesto. Herir o lastimar con la palabra impacta negativamente. En ningún caso el niño pensara “como nadie me va a querer mejor cambio” probablemente piense “debo valer muy poco para que nadie me quiera”.

El problema es que estas palabras y reacciones las tenemos tan arraigadas que a veces cuesta hasta concientizar que las estamos usando. Además a veces desde nuestra mirada adulta algunas frases se nos hacen graciosas o simplemente ingenuas. Pensamos que los hijos exageran con sus reacciones, pero las palabras realmente impactan muchos más de los que pensamos en la cabecita de un niño que se está formando. Por otra parte, los pequeños tienen la tendencia a tomar todo literal y no están capacitados para entender el sarcasmo así que no lo uses con ellos porque los confunde.

Los niños no son ni tontos ni estúpidos ni blanditos ni mariquitas, quizás han hecho alguna tontería o quizás han cometido un error, como todo el mundo. Para fortalecer su autoestima en lugar de vapulearlos es indispensable que como padres evitemos usar adjetivos calificativos  que no son reales y lastiman, y que nos enfoquemos y pongamos nuestra atención en la acción y no en el actor.

Un ejemplo podría ser cambiar: “Eres un flojito, siempre tiras el agua” por “se te cayo el vaso de nuevo, la próxima vez mejor lo agarras con las dos manos”.

Cuáles otros ejemplos se les vienen a la mente? Cuáles usan en casa? 

Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalistas

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Perdón pon por los typos y faltas de acentos, escribo desde mi teléfono 😉

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