En mi baby shower lo pase FATAL.

Recuerdo que las chicas me decían a modo de broma “dormí ahora porque no vas a poder dormir nunca más”, “no te vas a poder duchar más sola”, “vas a ir al baño siempre con la puerta abierta”, “nunca más vas a tomar un café caliente” y yo pensaba que era una broma, una exageración, que lo decían en sentido figurado.

Me sorprendió también y me dio un poco de ansiedad escuchar que al menos tres de las mamás que tenían bebés se estaban separando y yo no entendía la razón… no se suponía que tener hijos te unía más con tu pareja?

Durante el tiempo que duró la reunión honestamente muchas de mis conocidas me dieron pena porque parecía que no tenían vida más allá de los hijos. Se la pasaron hablando de ellos, mostrándose fotos, no había otro tema de conversación.

Me sentí sapo de otro pozo, pero estaba confiada y tranquila  porque era una mujer independiente que tenía las riendas de su vida y nada de esas cosas me pasarían a mi.

Y de repente fui mamá y entendí…entendí muchas cosas y creo que aún estoy tratando de entender. Que maternear es mucho más complicado de lo  que pensaba, que la maternidad nos llena de luz pero inevitablemente esa luz trae sus sombras, (como bien dijo Eliana)

Entendí esa necesidad de compartir esas sombras con otras mamás, de sacarlas a la Luz, visibilizarlas para que pesen menos. Entendí el valor de la tribu, esa tribu que la modernidad nos arrebató.

Ahí estaba yo: tomando un millón de fotos de mi bebé recién nacido, mirándolo embobada. Ahí estaba yo en mi puerperio: desarreglada, feliz, deprimida, alegre, irritable, ciclotímica, llorando del dolor al dar la teta, con ganas de no soltarlo ni un minuto, con ganas de salir corriendo. Ahí estaba yo, pegada a mi bebé como leona sin dejar que nadie se le acerca. Ahí estaba yo, mandándole 5000 mensajes a la pediatra. Ahí estaba yo discutiendo con mi marido demasiado seguido y siempre por temas del bebé.

Ahí estaba yo, en el baño con la puerta abierta y el bebé a mi lado mirándome. Ahí estaba yo congelando mi carrera, hablando únicamente de hijos, pañales, cólicos, teta y dormidas porque mi vida era solo eso. Ahí estaba yo, llorando en la puerta de la guardería y volviendo a casa con mi hijo en brazos porque no podía dejarlo. Ahí estaba yo, ahí estaban ellas, ahí estábamos todas.

La maternidad no es tarea sencilla. En la maternidad hay más incertidumbres que certezas y necesitamos de esa tribu que nos arrebató la modernidad, engañándonos vilmente con su lema “el tiempo es oro” cuando en realidad el único tiempo que tiene un valor real es el que pasamos con nuestros seres amados, con nuestros cachorros… bailando con las sombras y brillando con la Luz. #somostribu

Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalistas

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