Si ves a una mamá sola

La próxima vez que veas a una mamá con un bebé chiquito llegar solita a ese parque al que siempre llevas a tus hijos, acércate, salúdala, háblale. Para ella todo el ambiente y el mundo de la maternidad es muy nuevo y esta llena de miedos y dudas, las mismas que tu tenias cuando tuviste a tu bebé. Quizás al ver a las otras madres que parecen tener todo bajo control le da vergüenza acercarse, quizás es tímida, tal vez esta insegura y teme que le pregunten cosas que no sabe y la juzguen. La pobre ha dormido solo un par de horas y aun con muy poca energía trato de armar su pañalera y organizar el día para poder ir al parque un ratito porque quedarse toda la mañana encerrada con su bebé le da angustia.

Ella necesita conectar con otras mamás, necesita una tribu que la acompañe, le de consejos y la apoye. Recuerda por un minuto lo sola que te sentiste cuando todo empezó, más aún porque tus amigas cercanas no tenían hijos y tu familia estaba tan lejos.  Ponte en su lugar y con mucha valentía (si, esa valentía que la maternidad te regalo) acércate y preguntale algo, cualquier cosa. Conecta. ¿Que puedes perder? Nada, solo que ella no esté interesada en hablar pero puedes ganar muchísimo, y ella más.

Cuando veas a una mamá sola en el parque y ella te regale un “buenos días” o un sonrisa, contéstale, evita juzgarla, evita ignorarla porque estas con tus amigas. Esas actitudes debemos dejarlas atrás. La maternidad nos ha enseñado que importante es hacer tirbu y que difícil se hace cuando no conoces a nadie, eres nueva en el barrio o ninguna de tus amigas de toda la vida tiene niños o tal vez ya son todos mayores.

Si eres mamá primeriza o has vuelto a ser madre después de muchos años, anímate, acepta esa invitación, no importa si llegas con los pelos revueltos, no importa si aun tu ropa favorita no te queda, acepta la invitación, te aseguro que te arrepentirás de no haber ido pero no de ir. En ese momento podrás hacer catarsis con otras mujeres que están pasando por tu misma situación y podrás contarles esas cosas que cuando le cuentas a tu pareja parece no comprender.

Si tu amiga de toda la vida que fue mamá hace muy poco ha tenido cambios de humor, parece alejada o no acepta ninguna invitación no la juzgues, no la critiques con tus otras amigas. Su vida ha cambiado por completo y ya no es ni dueña de sus horarios, ni de su cuerpo,  ni siquiera es dueña de sus emociones que la sobrepasan. Se pasea del amor inexplicable al temor profundo o al agotamiento extremo. Quizás podrías pasar una tarde por su casa y llevarle un té con una magdalena, algo que sea espontáneo y sin mucha planificación.

Yo he sido todas estas madres, la nueva del parque, la antigua que sonríe, la que no le responde a sus amigas, la que está lejos de la familia, la que trata de que el mundo crea que tienen todo bajo control aunque no lo hace. Yo he sido todas estas madres y he aprendido muchísimo de mis experiencias. Hoy puedo decir que sin las otras mamás que me han apoyado aunque no fuéramos íntimas amigas el recorrido hubiera sido mucho más pesado.

La Sororidad comienza con la empatía por las congéneres.

Autora: Ana Acosta Rodríguez, Mamá  Minimalista

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